1991
Todavía estoy cambiando los dientes y tengo apenas 7 años. El presidente Patricio Aylwin presenta los resultados de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación; entro a clases al 2° básico del colegio Theillard de Chardin; muere asesinado por un comando del FPMR el senador UDI Jaime Guzmán y La Tercera saca en portada el titular ¡Cobardes!. Hay gran entusiasmo porque el nuevo canal “La Red” comienza sus transmisiones; y todavía más entusiasmo porque el Colo ganó la Copa Libertadores.

Mi hermano todavía toca la guitarra y canta en el coro de la capilla “Hermanas de Betania” para las misas dominicales; mientras que en algún otro lugar de Santiago se está fundando el MOVILH. La comuna de Independencia tuvo el estatus territorial de comuna también este año. Me estremece el impacto de mis papás al ver las noticias del secuestro del hijo de Agustín Edwards, dueño de El Mercurio. En la radio suena a cada rato “De música ligera” de Soda y a mi hermana, que todavía vive con nosotros, le encanta mientras a mí no me cabe en la cabeza que prefiera a Zeta Bosio antes que a Gustavo Cerati.

Hace un par de meses mi papá y mi mamá construyeron un cuarto de madera en el patio. De esos que comienzan con la esperanza de convertirse en un taller (de algo que bien puede ser desde pintura en yeso hasta decoraciones navideñas hechas con masilla) pero que terminan siendo el cuarto de la ropa para planchar. El de los cachureos y de la ropa de la temporada anterior. Dónde se guardan las frazadas en verano y no se puede ni caminar de la cantidad de cosas que hay ahí.
El cuartito quedó equipado con grandes repisas de pino en un muro completo, techo sin cielo y un mesón de cholguán que tiene 3 cajones inmensos, uno al lado del otro.
En uno de esos cajones mi mamá (que en ese tiempo tenía 37 años) guardó un sobre blanco, grande, con un membrete de la I. Municipalidad de Providencia. Dentro del sobre sólo hay una baraja enorme de Tarot amarrada con elásticos blancos de billetes. Sin caja. Sin manual.
Nunca más se acercó a buscarlos. Jamás lo volvió a sacar, hasta que los olvidó por completo.
La baraja está escondida en lo más profundo del cajón que, además tiene ropa. Aún así, cachureando lo encuentro. Desde entonces dedico mis tardes, después del colegio a mirar cada uno de los naipes. Suenan “Zac, Zac, Zac…” Es un Tarot de Marsella, ese de dibujos que parecen medievales y que tienen nombres tan aterradores como “El Loco”, “El Colgado”, “La Muerte”, “El Diablo” y “El Juicio”.
Tenerlo entre mis manos me da una cierta sensación de prohibido que nadie ha mencionado, ni advertido. En alguna radio vecina suena el “Doble Opuesto” de La Ley.

Aún así, al verlas, al desplegarlas ante mi, Zac, Zac, Zac… se aparecen como capítulos de una historia viva, que cambia, que son una cocreación entre los símbolos pintados en ellas y lo que sale de mi interior para darles sentido.
Mucho de lo que aparece en mi imaginación al ver las láminas son historias estilo culebrón mexicano que ya se las hubiera querido Televisa. Pero hay algunas veces en las que me quedo con una sensación que se parece al miedo y al frío, ¿sabes? esa sensación que va de la incredulidad al balde de agua fría. Que después de un rato te devuelve a la racionalidad que te queda para recordarte que es imposible que algo así de sorprendente te suceda.
Esta es mi primera aproximación al Tarot y con él llegó una suerte de “despertar” también hacia lo esotérico y lo paranormal.
En ese tiempo además me ocurrió algo bastante particular.
Un par de semanas después una tía me regaló un par de peluches: un ratón Mickey y un Pitufo. Ambos del mismo porte. Por la noche comienzo a despertar sin razón y lo que está generalmente dentro de mi rango de visión al abrir los ojos son esos dos muñecos. Siempre andan juntos. En ese momento los veo cambiar de forma. Sus caras se transforman en expresiones burlescas y se muestran infernales. Me dan un terror parido que me obliga a despertar a mi hermana con quien compartimos habitación.

Paralelamente en el colegio corren historias aterradoras de que los Pitufos son diabólicos y que habían asesinado a un niño en Brasil. También hay incertidumbre acerca de Xuxa y sus vínculos con el demonio ya que se dice que si escuchas la canción “Ilarié” al revés se escucha “el diablo es magnífico”. Además se habla de una isla oculta en los canales de la undécima región. Dicen que se llama Friendship, y que viven ahí unos seres de aspecto nórdico, altísimos y rubios que poseen tecnología alienígena y curan el cáncer a cambio de discreción absoluta. Por si fuera poco, a mi papá le regalaron un cuadro donde aparece un niñito que llora y ¡me da una pena! Porque las cosas en casa se están poniendo difíciles y me da la impresión de que siente pena por nosotros.

Los tiempos están revueltos y estos peluches son la manifestación de mis terrores nocturnos.
Para demostrarme que sólo son ideas mías y como son nuevos porque nunca juego con ellos, se los regalo a un primo más pequeño, jurando que estoy loca y que los va a amar. También los odia. Mi tía se los pasa al perro y Martín (el perro) también muestra rechazo a los muñecos. En la radio suena “Te Pareces tanto a él” de la Myriam Hernández cuando mi tía le cuenta a mi mamá que “algo de malo hay en esos muñecos” y eso me hace sentir una mezcla rara de satisfacción por tener razón (ahora me parece curioso el hecho de que se cuestione menos a un perro que a un niño de las percepcionees que tiene) y de preocupación, porque siento que estuve expuesta a quién sabe qué cosa.
Vuelvo al cuarto. Cada vez que necesito consuelo voy al cuarto a buscar las cartas. Siento que no puedo conversar con nadie más acerca de “estas cosas” (no teniendo muy claro lo que “estas cosas” significan, ni la dimensión o magnitud de “estas cosas”). Me siento sobre el mesón y miro la baraja un rato como si fuera un manojo de postales de un viaje. Mi mamá en cambio, cuando tiene el corazón apretado y la boca llena de esas cosas que tampoco tiene con quien hablar, le convida un cigarro al ekeko que le regaló su hermana y fuma con él mientras su cabeza está en otra parte.

Generalmente este tipo de episodios familiares (de conversaciones más profundas y extrañas con tíos o primos incluídos) suceden los fines de semana, en celebraciones o vacaciones ya que de lunes a viernes todos funcionamos en torno al colegio y el trabajo. Es decir, ocurrían esporádica pero regularmente: todos los domingos con abuelos, tíos y primos. Fines de semana largo en Isla Negra. Vacaciones en Papudo primero, luego en Isla Negra, después en las cabañas del Tabo, más tarde en Huépil y así). Nunca fuera de Chile, pero siempre había una oportunidad de viaje fuera de Santiago, aunque fuera al Cajón del Maipo.
A mí eso de viajar y volver no me gusta mucho ya que cada vez que visito un lugar me dan ganas de quedarme a vivir ahí. De descubrirlo más en profundidad, de conocer a la gente, de crear recuerdos significativos en esos entornos.
Mirando en restrospectiva, no había observado lo profundo que caló eso en mi vida ya que mi adultez la vivo procurando saldar esa deuda de irme y, si me lo puedo permitir es justamente gracias al Tarot y a esta historia que comenzó hace tantos años.




