Cuando sostengo una carta del tarot entre mis manos, a veces me pregunto si los símbolos que contemplo son tan universales como creemos. ¿Será posible que los arquetipos que conocemos como europeos hayan encontrado ecos en tierras tan lejanas como el sur del mundo? Esta interrogante me ha acompañado durante años de lecturas, y hoy quiero compartir contigo un viaje fascinante por las conexiones entre el tarot y las tradiciones ancestrales chilenas.

La historia verdadera de las cartas que viajaron al sur
Existe un relato que circula con frecuencia en círculos esotéricos chilenos: la supuesta existencia de un “tarot mapuche” precolombino. El escritor Jaime Hales lo propuso hace algunos años, basándose en el hallazgo de veintidós cartas de cuero pintadas en negro y rojo que guardaban similitudes con los arcanos mayores. La idea despertó fascinación inmediata: ¿contactos transoceánicos? ¿Sabiduría ancestral compartida?
El problema es que los curadores del museo, específicamente Francisco Garrido, tuvieron que salir a aclarar públicamente algo incómodo: esos naipes no son mapuches ni precolombinos.
La verdad, sin embargo, es mucho más interesante que la leyenda.
Los expertos del Museo Nacional de Historia Natural aclararon que estos naipes pertenecen en realidad a los Aonikenk, pueblo tehuelche de la Patagonia, y fueron confeccionados durante la época colonial, claramente después del contacto con europeos. Podría terminar la historia aquí con un “caso cerrado”, pero estaría desperdiciando lo más revelador de este hallazgo.
Cuando los símbolos hablan en otro idioma
Lo que hicieron los Aonikenk con esas cartas españolas es absolutamente brillante. Los pueblos originarios no copiaron los naipes europeos; los transformaron profundamente. Donde había reyes medievales con coronas y barbas, ellos plasmaron figuras humanas con los patrones geométricos de su arte rupestre ancestral. Donde había caballos europeos y símbolos cristianos, dibujaron diseños propios en rojo y negro sobre cuero curtido, utilizando colores y formas que pertenecían a su lenguaje visual milenario.

Este proceso de apropiación cultural —en el sentido respetuoso y creativo del término— no fue una simple copia, sino una transformación que convirtió un elemento foráneo en algo auténticamente propio. Los Aonikenk tomaron la estructura de la baraja española y la revistieron con su cosmovisión, creando un objeto híbrido que testimonia la capacidad de los pueblos originarios para integrar influencias externas sin perder su identidad.
¿No es esto, acaso, lo que sigue ocurriendo cada vez que alguien en Chile lee el tarot? Cuando trabajo con consultantes en territorio mapuche, las cartas inevitablemente se tiñen de las historias que habitan esta tierra. El tarot, aunque nacido en Europa, se vuelve chileno en el momento en que alguien de Chiloé lo lee pensando en el Trauco, o cuando una mujer de Concepción reconoce en La Torre el terremoto que partió su vida en dos.
La danza de los arquetipos universales
Más allá de la controversia histórica sobre el origen de estas cartas, existe algo profundamente revelador en las correspondencias simbólicas entre el tarot y las cosmovisiones ancestrales chilenas. No hablo de contactos misteriosos ni de sabidurías perdidas, sino de algo mucho más humano y poderoso: los arquetipos universales que habitan el inconsciente colectivo.
El sol y la luna: cuando todos miramos el mismo cielo
La cosmovisión mapuche otorga un papel fundamental a la luna y al sol, exactamente como lo hace el tarot con sus arcanos La Luna y El Sol. Para el pueblo mapuche, Küyen representa los ciclos, lo femenino y lo oculto, mientras que Antü simboliza la vitalidad, la conciencia y la energía masculina. Esta dualidad encuentra un paralelo perfecto en las cartas del tarot, donde La Luna gobierna el mundo de los sueños, la intuición y las verdades veladas, mientras El Sol irradia claridad, vitalidad y comprensión consciente.
¿Es esto una coincidencia? Pienso que no. Los seres humanos, sin importar su origen geográfico, observan los mismos cielos, experimentan los mismos ciclos naturales y enfrentan las mismas preguntas existenciales. Por eso, culturas separadas por océanos pueden desarrollar sistemas simbólicos sorprendentemente similares, sin necesidad de contacto directo.
A veces lo obvio es tan obvio que lo pasamos por alto: todos vivimos bajo el mismo sol y la misma luna. No hace falta invocar atlantes ni contactos extraterrestres para explicar estas correspondencias.
El kultrún y la obsesión humana por el número cuatro
Uno de los paralelos más fascinantes es la estructura cuaternaria que aparece tanto en el tarot como en los símbolos mapuches. El kultrún, el tambor ceremonial de la machi, muestra en su superficie una cruz que divide el mundo en cuatro partes, representando los cuatro puntos cardinales y los cuatro planos de existencia. Esta división cuádruple del cosmos encuentra su reflejo en los cuatro palos del tarot: oros, copas, espadas y bastos, asociados tradicionalmente a los cuatro elementos de tierra, agua, aire y fuego.
Tengo una teoría medio irreverente: la humanidad está obsesionada con el número cuatro. Esta coincidencia no es exclusiva del tarot y la cultura mapuche. La encontramos en la chakana andina con sus cuatro brazos, en la rueda medicinal de los pueblos originarios de Norteamérica, en los cuatro evangelistas representados en la carta de El Mundo. Cuatro estaciones. Cuatro fases lunares principales. Cuatro elementos.

Parece ser que la mente humana estructura el caos de la existencia en patrones cuaternarios, buscando equilibrio y orden en la complejidad del universo. Cuatro es suficientemente simple para recordar y suficientemente complejo para ser interesante.
Cuando realizo una lectura de tarot y observo cómo se distribuyen los palos, no puedo evitar pensar en ese kultrún mapuche, con su cruz pintada que ordena el cosmos. Ambos instrumentos, el tambor y las cartas, funcionan como mapas simbólicos que nos ayudan a navegar territorios interiores.
Los espíritus del bosque y los arcanos de Chiloé
Las leyendas de Chiloé ofrecen un terreno fértil para establecer correspondencias con los arcanos del tarot. Estas conexiones no son arbitrarias ni forzadas; emergen naturalmente cuando reconocemos los arquetipos universales que habitan tanto en las mitologías locales como en el simbolismo europeo.
El Trauco: la fuerza oscura del deseo
El Trauco, ese ser del bosque que seduce y perturba, encarna perfectamente la energía de El Diablo del tarot: la fuerza de los instintos, la seducción peligrosa, aquello que nos encadena a través del deseo. Este duende pequeño y feo del bosque chilote viste con ropa hecha de fibras vegetales y lleva un hacha de piedra. Según la tradición, seduce a las mujeres jóvenes con solo mirarlas, dejándolas sin voluntad propia.

No es casualidad que ambas figuras generen temor y fascinación al mismo tiempo. Cuando aparece El Diablo en una lectura, no hablo de demonios literales sino de eso que nos atrapa a través del deseo incontrolable, exactamente como el Trauco que supuestamente deja a sus víctimas encadenadas a impulsos que no pueden dominar.
La Pincoya: la danzarina de la abundancia
La Pincoya, hermosa sirena cuyo baile determina la abundancia o escasez del mar, resuena profundamente con La Emperatriz y su energía de fertilidad y generosidad. Cuando ella danza mirando hacia el océano, los peces abundan y los pescadores festejan. Cuando se aleja o danza mirando hacia tierra, llevada por fuerzas misteriosas, las costas se vuelven estériles.

Esta imagen captura perfectamente el arquetipo de la madre generosa que provee o retira sus dones según ciclos que escapan a nuestro control. He visto a consultantes emocionarse cuando aparece La Emperatriz en una lectura sobre trabajo o creatividad, porque reconocen esa sensación de que la abundancia ha danzado hacia otro lado, como la Pincoya caprichosa.
El Caleuche: navegando por las aguas del misterio
El Caleuche, el barco fantasma que navega entre nieblas, iluminado por luces extrañas, personifica el misterio de La Luna. Este buque errante, cuyo nombre proviene del mapudungún “kaleutun” (transformarse) y “che” (gente), representa el viaje por aguas oscuras del inconsciente, donde las apariencias engañan y la verdad se oculta tras velos de ilusión.

La Luna gobierna lo oculto, los sueños, las verdades que solo se revelan en la penumbra. El Caleuche navega exactamente en ese territorio: entre la realidad y la fantasía, entre el mito y la memoria colectiva.
La machi y la sacerdotisa: guardianas de los misterios
Si hay una correspondencia que me resulta especialmente poderosa es la que existe entre la machi mapuche y el arcano de La Suma Sacerdotisa. No puedo evitar establecer este paralelo cada vez que explico esta carta en mis talleres.

La machi actúa como intermediaria entre el mundo visible e invisible, posee conocimientos que le llegan a través de sueños y visiones, y cumple funciones de sanadora, consejera y guardiana de la tradición. Todo esto la convierte en la encarnación perfecta del arquetipo de la sacerdotisa: aquella que conoce los misterios, que lee los signos ocultos, que interpreta lo que otros no pueden ver.
He tenido la oportunidad de conversar con machis en mi región, y una de ellas me explicó algo que cambió mi forma de leer el tarot: “Cuando alguien viene enfermo, yo no solo leo su cuerpo. Leo su familia, su tierra, su historia. Todo está conectado”. Eso es exactamente lo que intento hacer cuando alguien viene a una lectura. Las cartas no hablan solo del consultante aislado, sino de toda la red de relaciones que lo sostiene o lo enreda.
La justicia cósmica y el Admapu
Pero la machi también se relaciona con La Justicia, pues su labor consiste en restaurar el equilibrio cósmico cuando este se ha roto. El concepto mapuche de Admapu, el conjunto de leyes y normas que rigen la relación con la tierra y la comunidad, nos recuerda que el desequilibrio no es solo personal sino comunitario.
Cuando aparece La Justicia en una lectura, quizás deberíamos preguntarnos no solo qué está fallando en nuestra vida individual, sino qué ruptura ética hemos permitido en nuestra relación con el entorno y con los demás. Esta perspectiva transforma profundamente la lectura del tarot. Ya no se trata solo de predecir eventos o explorar la psique individual, sino de diagnosticar rupturas en el tejido de nuestras relaciones con el mundo.
El Wekufü y la sombra que nos habita
La cosmovisión mapuche reconoce la existencia de los Wekufü, entidades de energía hostil que causan desequilibrio y enfermedad. Lo fascinante de esta descripción es que estas entidades son almas capturadas y contaminadas que existen en un estado de “semi-vida”, atrapadas entre la existencia y la no-existencia.

Cuando leí esta descripción por primera vez, pensé inmediatamente en El Diablo del tarot. En las representaciones tradicionales del arcano quince, vemos figuras encadenadas que han perdido su autonomía, atrapadas en un estado de esclavitud espiritual. Los Wekufü representan exactamente esta pérdida de conciencia, esta existencia a medio camino entre la vida y la muerte, controlada por fuerzas externas.
No hablamos de demonios literales, sino de aquello que nos aprisiona cuando perdemos nuestra capacidad de elección consciente. Recuerdo una consulta donde El Diablo apareció junto a La Torre. La persona sentía que su vida se había convertido en algo mecánico, como si estuviera atrapada en patrones que ya no reconocía como propios. Me dijo: “Es que siento que ya no soy yo. Voy al trabajo, vuelvo a casa, veo series, me duermo. Repito”.
Eso es un Wekufü contemporáneo: la semi-vida, la existencia sin vitalidad auténtica, el estar zombi que necesitaba ser sacudido para renacer.
Las piedras de poder y la materialidad sagrada
El palo de Oros del tarot encuentra una correspondencia fascinante con las Newenke Kura o piedras de poder mapuches. Estas piedras no son simples objetos materiales, sino manifestaciones del poder espiritual, del newen que se concreta en el plano físico. Encontrar una de estas piedras no se considera un accidente sino una elección de la piedra misma, pues esta posee espíritu y voluntad.
Esta concepción eleva el significado de los Oros más allá del simple ámbito económico. Cuando aparecen pentáculos en una lectura, no solo hablan de dinero o posesiones, sino de cómo el poder espiritual se materializa en nuestra vida concreta. Un desequilibrio en este palo no indica mala suerte financiera, sino una ruptura en nuestra relación con la materialidad sagrada, con la tierra que nos sostiene.
Cuando alguien me consulta por problemas económicos y aparecen cartas del palo de Oros en posiciones difíciles, pregunto: “¿Dónde has roto tu conexión con la tierra? ¿Dónde has traicionado tu relación con lo material?” Porque según el concepto de Admapu, el desequilibrio material no es mala suerte sino consecuencia de una ruptura ética en nuestra relación con el mundo.
El viaje iniciático del Hain: morir para renacer
Los Selk’nam del extremo austral chileno realizaban una ceremonia de iniciación llamada Hain, donde los jóvenes pasaban simbólicamente por la muerte para renacer transformados. Durante este ritual complejo que duraba meses, los iniciados eran “matados” por el espíritu femenino Xalpen y luego “revividos” por un chamán mítico.
Este ciclo de muerte y resurrección ritual tiene un paralelo evidente con la secuencia de arcanos mayores, especialmente La Muerte seguida de La Templanza y El Juicio. El tarot, al igual que el Hain, funciona como un mapa del viaje iniciático. No predice acontecimientos externos, sino que describe etapas interiores de transformación.
Cuando La Muerte aparece en una lectura, no anuncia un fallecimiento literal, sino ese momento donde algo debe morir en nosotros para que otra cosa pueda nacer. Es el Hain que ocurre en el interior de cada consultante, ese paso necesario por la oscuridad antes de la renovación. Crecer duele porque implica dejar morir partes de nosotros.
El diluvio de Cai-Cai y Tren-Tren: cuando todo colapsa
La mitología chilota cuenta que un gran diluvio casi destruyó el mundo cuando las serpientes Cai-Cai y Tren-Tren lucharon entre sí. Cai-Cai, la serpiente del mar, quería inundar toda la tierra, mientras Tren-Tren, la serpiente de la montaña, elevaba los cerros para salvar a la humanidad. El resultado fueron las islas de Chiloé, que son básicamente las cimas de montañas que Tren-Tren levantó para escapar de la inundación.

Este mito del cataclismo y la posterior regeneración encuentra su reflejo perfecto en La Torre del tarot, seguida por La Estrella. La Torre representa el colapso necesario de estructuras que ya no sirven. Es el momento de crisis donde todo parece derrumbarse, similar a la inundación provocada por Cai-Cai. Pero después de La Torre viene La Estrella, carta de esperanza y renovación, como la tierra que emerge tras el diluvio, fértil y lista para un nuevo comienzo.
He visto a consultantes asustarse cuando La Torre aparece en sus lecturas. Pero cuando les cuento sobre Tren-Tren elevando las montañas para salvar a la humanidad del diluvio, comprenden que los colapsos a veces son actos de protección. A veces es necesario que se derrumbe lo que nos aprisiona para poder alcanzar terreno más alto.
La estrella Guñelve y la luz que guía en la oscuridad
La bandera mapuche moderna muestra la Guñelve, estrella de ocho puntas que representa al lucero del amanecer, el planeta Venus. Este astro matutino anuncia la llegada del nuevo día tras la oscuridad de la noche. El arcano de La Estrella cumple exactamente esta función simbólica en el tarot: es la luz que guía cuando todo parece perdido, la promesa de renovación después de la crisis.

Tanto la Guñelve como La Estrella del tarot comparten este significado de esperanza orientadora. No son luces cegadoras que lo revelan todo de golpe, sino puntos de referencia sutiles que nos permiten navegar en la oscuridad. Cuando aparece esta carta después de un periodo difícil, funciona como ese lucero que anuncia el amanecer sin forzar su llegada.
Trabajo frecuentemente con personas que atraviesan crisis profundas. Cuando aparece La Estrella después de cartas difíciles como La Torre o La Muerte, es como si el lucero de Venus asomara en el horizonte: no resuelve todo instantáneamente, pero promete que el amanecer vendrá.
Prácticas adivinatorias paralelas: todos buscamos orientación
Las culturas andinas practican desde tiempos precolombinos la lectura de hojas de coca, donde los yatiris lanzan las hojas sobre un aguayo (tela tradicional) e interpretan los patrones que forman al caer. Este método oracular tiene una función similar al tarot: ofrecer orientación en momentos de incertidumbre, diagnosticar causas ocultas de problemas, y ayudar en la toma de decisiones importantes.
El principio subyacente es el mismo: se confía en que elementos aparentemente aleatorios, ya sean hojas de coca o naipes, caen en configuraciones significativas que pueden ser interpretadas por quien posee el conocimiento para leerlas. Tanto el yatiri andino como el tarotista contemporáneo actúan como intérpretes de un lenguaje simbólico que conecta lo visible con lo invisible.
He tenido la oportunidad de conocer yatiris en mis viajes al norte, y más allá de las diferencias de método, compartimos algo fundamental: ambos actuamos como intérpretes de un lenguaje simbólico. No predecimos el futuro en el sentido de “el martes a las tres te va a pasar X”, sino que leemos las energías presentes, los patrones que se están formando, las consecuencias probables de los caminos actuales.
Un yatiri me explicó una vez: “Las hojas no mienten, pero tampoco dicen toda la verdad. Hay que saber escuchar”. Podría decir exactamente lo mismo sobre las cartas del tarot.
El debate necesario: apropiación versus apreciación cultural
No puedo escribir este artículo sin abordar el tema más delicado de todos: ¿dónde está la línea entre apreciación cultural y apropiación indebida? Esta pregunta me la hago constantemente, y creo que es fundamental abordarla con honestidad.
Lo que considero apropiación cultural
Cuando alguien fabrica un “Tarot Mapuche Ancestral” basándose en especulaciones sobre orígenes precolombinos, inventa historias fantásticas sobre contactos atlantes, y vende todo esto como producto comercial sin consultar a comunidades mapuches, eso es apropiación. Estás tomando elementos de una cultura viva, descontextualizándolos, romantizándolos, y beneficiándote económicamente mientras las comunidades originarias siguen luchando por derechos básicos.
Cuando presentamos el llamado “Tarot Mapuche” como un objeto precolombino misterioso, estamos romantizando y potencialmente faltando al respeto a las tradiciones vivas que merecen ser tratadas con rigor y honestidad.
Lo que considero apreciación respetuosa
Pero cuando reconocemos honestamente los orígenes históricos, citamos fuentes antropológicas serias, establecemos diálogos respetuosos entre sistemas simbólicos diferentes, y usamos estas conexiones para profundizar el entendimiento mutuo, eso es apreciación cultural. Es reconocer que Chile es un territorio de múltiples sabidurías que pueden enriquecerse mutuamente.
El tarot no necesita tener cinco mil años de antigüedad para ser valioso. Las tradiciones mapuches no necesitan haber usado cartas para tener una cosmovisión sofisticada. Ambos sistemas tienen su propio valor, y cuando dialogamos entre ellos con respeto, todos nos enriquecemos.
Mi aproximación es esta: reconozco las correspondencias arquetípicas genuinas, cito mis fuentes, no invento historias místicas sin fundamento, y sobre todo, escucho. He aprendido más sobre interpretación simbólica conversando con personas que practican ceremonias ancestrales que leyendo diez libros esotéricos europeos.
El tarot como puente pedagógico y cultural
El potencial pedagógico de estas conexiones es inmenso. He usado mazos de tarot inspirados en mitología chilena en talleres con adolescentes, y funciona. Cuando un joven ve una carta con el Trauco y le explicas que representa los impulsos que no controlamos, entiende inmediatamente. Cuando una niña reconoce a la Pincoya en una carta de abundancia, conecta con su herencia cultural de una forma que ninguna clase tradicional logra.
El tarot puede servir como puente para que personas alejadas de sus raíces culturales redescubran la sabiduría ancestral de sus territorios. Cuando alguien lee sobre El Ermitaño y luego aprende sobre el concepto mapuche de Az Mapu, el equilibrio con la tierra, puede establecer conexiones profundas entre su práctica espiritual personal y la herencia cultural que le pertenece.
Proyectos que utilizan cartas inspiradas en mitología chilena para enseñar historia y valores ancestrales en escuelas han demostrado ser efectivos. Los jóvenes que quizás no se interesarían por un texto académico sobre cosmovisión mapuche, pueden fascinarse con un mazo de cartas que presenta estos conceptos de forma visual y narrativa.
El tarot como espejo multicultural
Al final de este recorrido por símbolos, arquetipos y correspondencias, me queda una certeza: el tarot funciona como un espejo que refleja no solo nuestra psique individual, sino también nuestra herencia cultural colectiva. Cuando leo las cartas en territorio chileno, inevitablemente resueno con las montañas, los mares, los bosques y las historias que han marcado este territorio durante milenios.

Las cartas no cambian su estructura básica, pero su interpretación se enriquece cuando las leo consciente de que estoy parada en tierra mapuche, rodeada de leyendas de Chiloé, influenciada por la cosmovisión andina que todavía late en festividades y tradiciones. El tarot se vuelve entonces no un sistema extranjero impuesto, sino un lenguaje simbólico que puede dialogar con las voces ancestrales de este territorio.
Después de años de práctica en Chile, he llegado a una conclusión: las cartas no cambian, pero su interpretación se tiñe inevitablemente del territorio donde se leen. Cuando aparece La Torre en una lectura en Concepción, es imposible no pensar en los terremotos que han marcado esta región. Esa carta no es una abstracción; es una memoria corporal para quienes vivimos aquí.
El tarot se vuelve chileno no porque haya nacido aquí, sino porque lo leemos desde aquí, con toda la historia y mitología que habita nuestro territorio. Es el mismo fenómeno que convirtió a los naipes españoles en naipes Aonikenk: una transformación creativa que respeta la estructura original pero la reviste de significado local.
Reflexiones finales: los símbolos viajan, las verdades permanecen
Quizás la pregunta no sea si el tarot es chileno o europeo, mapuche u occidental, sino cómo podemos usar estas herramientas de autoconocimiento para reconectar con las capas profundas de significado que habitan en nosotros, incluyendo aquellas que provienen de las tierras que pisamos y las culturas que nos precedieron.
Los sistemas simbólicos son idiomas. Algunos hablan en cartas, otros en sueños, otros en hojas de coca, otros en el vuelo de los pájaros. Pero todos intentan traducir las mismas verdades fundamentales sobre la condición humana: ¿quién soy? ¿A dónde voy? ¿Cómo encuentro equilibrio? ¿Qué hago con el dolor? ¿Cómo abrazo el cambio?
El tarot no es superior a la cosmovisión mapuche, ni viceversa. Son lenguajes diferentes para preguntas similares.
Cada vez que abro mi mazo de tarot para una lectura, honro no solo la tradición europea que le dio forma, sino también las voces ancestrales de este territorio que me enseñaron que todo está conectado, que la tierra es sagrada, y que los símbolos son puentes entre mundos. En esa integración respetuosa, el tarot se vuelve verdaderamente una herramienta de transformación personal y colectiva.
La próxima vez que alguien me pregunte si realmente existió un tarot precolombino en Chile, contaré la historia real: no hubo tarot mapuche ancestral, pero sí pueblos que transformaron cartas extranjeras en objetos propios, y sí existen correspondencias profundas entre diferentes sistemas de sabiduría, porque al final todos somos humanos mirando el mismo cielo, pisando la misma tierra, haciéndonos las mismas preguntas eternas.
Y eso, honestamente, me parece mucho más interesante que cualquier leyenda sobre contactos atlantes.
Preguntas frecuentes
¿Existió realmente un tarot mapuche antes de la llegada de los españoles?
No. Los naipes encontrados en Chile pertenecen a los Aonikenk (pueblo tehuelche) y fueron fabricados durante la época colonial, después del contacto con europeos. Los pueblos originarios adoptaron las cartas españolas y las reinterpretaron creativamente según su propia cosmovisión, pero no existió un tarot precolombino.
¿Es apropiación cultural usar el tarot con referencias a tradiciones mapuches o chilenas?
Depende de cómo se haga. Si fabricas productos comerciales basándose en especulaciones sin fundamento, inventando historias sobre orígenes místicos y sin consultar a las comunidades originarias, eso es apropiación. Si reconoces honestamente los orígenes históricos, estableces diálogos respetuosos entre sistemas simbólicos y citas tus fuentes correctamente, eso es apreciación cultural que puede enriquecer a todos.
¿Por qué existen tantas similitudes entre el tarot y las cosmovisiones ancestrales chilenas?
Porque los arquetipos son universales. Los seres humanos, sin importar su origen geográfico, observan los mismos cielos, experimentan los mismos ciclos naturales y enfrentan las mismas preguntas existenciales. Por eso culturas separadas por océanos pueden desarrollar sistemas simbólicos sorprendentemente similares sin necesidad de contacto directo.
¿Qué es el Admapu y cómo se relaciona con el tarot?
El Admapu es el conjunto de leyes y normas mapuches que rigen la relación con la tierra y la comunidad. Se relaciona con el arcano de La Justicia del tarot, pero no la justicia de los tribunales, sino el equilibrio cósmico. Cuando el Admapu se rompe, viene el desequilibrio. Tanto la machi como La Justicia buscan restaurar esa armonía perdida.
¿Puedo usar correspondencias entre el tarot y mitología chilena en mis lecturas?
Sí, siempre que lo hagas con respeto y honestidad. Reconoce que estás estableciendo puentes entre sistemas diferentes, no afirmes que los pueblos originarios usaban tarot, y utiliza estas conexiones para profundizar el entendimiento de los arquetipos universales. Las correspondencias simbólicas pueden enriquecer enormemente tus lecturas si se abordan con rigor.
¿Qué significa que el tarot se “vuelve chileno”?
Significa que aunque el tarot nació en Europa, su interpretación se enriquece inevitablemente con las historias, mitos y memorias del territorio donde se lee. Cuando leo cartas en Chile, resuenan con las montañas, los mares, los bosques y las leyendas que han marcado esta tierra. No es que el tarot cambie su estructura, sino que su significado se tiñe del contexto cultural donde se practica.
¿Cómo puedo aprender más sobre cosmovisión mapuche sin caer en apropiación?
Lee fuentes académicas serias, escucha a las comunidades originarias, reconoce tus limitaciones como no perteneciente a la cultura, no inventes historias sin fundamento, y sobre todo, mantén una actitud de respeto y humildad. La cosmovisión mapuche es una tradición viva que merece ser tratada con rigor, no romantizada para fines esotéricos.
Si estas conexiones simbólicas resuenan contigo y quieres explorar cómo los arquetipos del tarot dialogan con tu propia historia, te invito a acompañarme en este viaje de autoconocimiento.
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